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Pandemia. Política. Un cambio drástico en la vida que pocas personas han experimentado jamás. Y todo amplificado en los medios sociales.

El cambio constante en las noticias ha hecho que muchas personas revisen sus teléfonos constantemente para enterarse de las actualizaciones, mientras que otros dicen que están listos para alejarse de su contenido totalmente.

“Realmente es una receta perfecta para la ansiedad y el pánico”, dijo Debra Kissen, psicóloga clínica con licencia, en Chicago. Asimismo, hay que notar que el estrés podría ser un factor en las enfermedades del corazón.

Sin embargo, Kissen, directora ejecutiva de Light on Anxiety CBT Treatment Center, junto con otros expertos, indican que la ansiedad puede ser controlada, y, que no es necesario que los medios sociales, utilizados debidamente, nos metan a una espiral que afecte la salud mental. También nos pueden ayudar a encontrar el equilibrio.

Kissen admitió que la pandemia del coronavirus no tiene precedentes en cuanto a la forma en que la incertidumbre se ha insertado en “todos los recovecos” de la vida. La gente se preocupa: ¿su vecino tosiendo será el que lo afecte? ¿El toque de esa persona será lo que lo mate? ¿Me infectaré en el supermercado?

La respuesta mental ante tal incertidumbre es la mera definición de la ansiedad, señaló.

“La ansiedad tiene que ver con lo que imaginamos que pasará en el futuro”, dijo Kissen. “¿Me sucederá algo malo? ¿Qué podré hacer para protegerme?

Cuando enfrentamos una amenaza visible, el cerebro puede escoger un curso de acción; o sea, pelear o huir. Sin embargo, en la incertidumbre, la mente busca las cosas que puede controlar, aunque no consiga hacer nada de utilidad. Es ahí cuando pueden comenzar los problemas.

Algunas personas siguen buscando actividades que puedan realizar, y siguen impulsos no muy sanos que les dicen: “voy a acaparar más cosas”, voy a leer más”, indicó Kissen, “en lugar de aceptar que básicamente mi capacidad de control se encuentra limitada en estos momentos”.

Keith Hampton, profesor del departamento de medios de comunicación e información, de Michigan State University en East Lansing, indicó que los medios sociales amplifican el estrés por darnos una conexión personal con las personas que se ven afectadas directamente por las malas noticias.

Sin embargo, Hampton, quien dirigió un estudio para el Pew Research Center, con este tema del “costo de importarse”, dijo que nuestra relación con los medios sociales no tiene que ser siempre negativa.

“Por ejemplo, sabemos que las personas que usan más medios sociales tienden a percibir que tienen un mayor apoyo social a su disposición “de parte de familiares y amigos, tanto en línea como fuera del ambiente electrónico”, señaló.

Y, cuando las personas tienen experiencias positivas, dijo, también se sienten animados psicológicamente.

Entonces, parte de la solución para tolerar los medios sociales en tiempos de mucha ansiedad, es asegurarse de compartir no solo lo que lo asusta, sino también las buenas noticias que haya vivido.

Saber que las personas se encuentran sanas y salvas y van mejorando, “puede ser información positiva que se va contagiando”, comentó.

En cierta medida, ese es otro motivo por el cual no recomienda apagar los medios sociales del todo.

Podríamos necesitar el distanciamiento social, la práctica de crear espacio físico entre personas para prevenir la expansión del virus. Sin embargo, agregó que “este no es el momento de aislarnos socialmente, sino más bien de buscar apoyo social, o brindarlo a quienes lo necesitan.

Incluso, los medios sociales pueden ser una herramienta potente para ponernos al tanto del estado de familiares y amigos, así como para proporcionar apoyo emocional a quienes lo necesiten, u organizar cómo ofrecer recursos a vecinos, personas mayores, niños, y personas que no estén obteniendo lo que necesitan o que no tengan acceso a recursos”.

Ambos él y Kissen dijeron que hay que tener conciencia para usar los medios sociales. Es vital mantenerse al tanto de información de buena calidad.

“No podemos meter la cabeza en la arena y fingir que esto no está sucediendo, ya que eso no es saludable ni beneficioso”, dijo Kissen. Por lo tanto, seleccione un medio noticioso, decida que se “va a permitir unos treinta minutos diarios de noticias, o diez artículos de alta calidad, y chéquelos”.

Usar la atención plena para quitarle el piloto automático al cerebro preocupado, es algo clave para reducir la ansiedad en todos los aspectos de la vida, indicó Kissen. “No se trata de vudú o espiritismo raro. La idea es mejorar nuestra capacidad para retomar el momento presente”.

También añadió que las aplicaciones para terapia cognitiva conductual pueden ser útiles, así como los trucos comprobados desde hace tiempo, tales como hacer ejercicio, salir a caminar y mantenerse activo.

“Imagínese una computadora con veinte ventanas abiertas que se congela porque está procesando demasiadas cosas”, agregó. Eso obliga una restauración. “¿Qué hacemos para restablecernos nosotros? ¿Hacemos unos saltos de tijeras? ¿O es cosa de ponernos de pie y estirarnos? O, de salir a tomar aire fresco. ¿Qué tipo de estímulo podemos darle al cuerpo para movilizarlo y desatorarse?

En lo general, señaló, el objetivo es romper el ciclo interminable de la anticipación ansiosa.

La mente podría estarle diciendo que debería hacer más. “¿Debería estar haciendo más?” dijo Kissen. “A veces, realmente no hay nada más que hacer”.

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