Ni Messi, ni Ronaldo: Newton es el verdadero GOAT del fútbol

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La ciencia es universal, eso no hay que recordarlo. Y como no podía ser de otra forma, las leyes fundamentales en las que se basa se manifiestan en todo aquello que nos rodea, incluido el fútbol. En concreto, unos de los principios físicos que mejor se pueden apreciar y que mejor explican este deporte son las Leyes de Newton, unos principios enunciados por Sir Isaac Newton en el siglo XVII y que constituyen la base de la mecánica clásica, la rama de la física que describe el movimiento de los cuerpos.

Newton estableció que cualquier cambio en el estado del movimiento de un objeto está relacionado directamente con la aplicación de fuerzas, y que estas interacciones deben obedecer a esas reglas precisas y predecibles.

Así, desde su primera propuesta con la caída de una manzana, estas leyes consiguen explicar todos los movimientos y fenómenos que aparecen durante un partido de fútbol: cómo se mueve el balón en el campo, cómo los jugadores interactúan con él, lo que ocurre cuando hay un contacto entre ellos… 

PRIMERA LEY DE NEWTON: INERCIA EN EL PASE

La Primera Ley de Newton, conocida también como la Ley de la Inercia, nos dice que un objeto permanecerá en reposo o en movimiento rectilíneo constante, a menos que una fuerza externa actúe sobre él. Imagina un balón en el centro del campo antes de comenzar el partido. Está en reposo y solo se moverá cuando un jugador le aplique una fuerza, ya sea con un pase, un tiro o incluso un simple toque.

En el momento en que el balón está en movimiento, continuará su trayectoria a menos que algo lo detenga o lo desvíe. Estas «fuerzas externas» que interfieren pueden ser la fricción con el césped, la resistencia del aire, o la intervención de un jugador. Es por eso que un pase largo, a pesar de ser potente, eventualmente perderá velocidad y se detendrá si no se intercepta antes.

Este concepto  de inercia es vital para entender por qué los jugadores necesitan aplicar fuerza al balón no solo para iniciar su movimiento, sino también para mantenerlo en curso o redirigirlo. Cuando observamos un tiro libre que parece desafiar la gravedad, en realidad estamos viendo una aplicación precisa de la Primera Ley de Newton, donde el balón lucha contra fuerzas como la gravedad y la fricción del aire para llegar a su destino: el gol.

SEGUNDA LEY: FUERZA, MASA Y ACELERACIÓN EN EL CAMPO

La Segunda Ley de Newton nos ofrece una fórmula sencilla pero significativa: F=m x a, donde F es la fuerza aplicada, m es la masa del objeto, y a es la aceleración que el objeto adquiere. En el contexto del fútbol, esta ley se manifiesta cada vez que un jugador patea el balón.

Por ejemplo, cuando un delantero se prepara para rematar, este debe calcular mentalmente –y aproximadamente– la fuerza que debe aplicar al balón. Un balón ligero requerirá menos fuerza para alcanzar una gran aceleración en comparación con uno más pesado. Por eso, en partidos de alta competición, los balones están diseñados para ser ligeros y aerodinámicos, permitiendo a los jugadores controlar mejor la velocidad y la dirección de sus tiros.

Por ejemplo, cuando Lionel Messi realiza un tiro curvado, aplica una fuerza no solo para darle velocidad, sino también para impartirle un efecto que le permita cambiar de dirección en el aire. Este control es posible gracias a la comprensión intuitiva de la relación entre fuerza, masa y aceleración. De hecho, la habilidad de ajustar la fuerza en función de la distancia al arco y la posición del portero es lo que distingue a los grandes jugadores.

TERCERA LEY: ACCIÓN Y REACCIÓN DEL GOLPE

La Tercera Ley de Newton, o Ley de Acción y Reacción, establece que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Esto es evidente cada vez que un jugador patea el balón: el pie del jugador ejerce una fuerza sobre el balón, impulsándolo hacia adelante y,  simultáneamente, el balón ejerce una fuerza igual y opuesta sobre el pie del jugador.

 

Aunque esta reacción no es siempre visible, es la razón por la cual los jugadores deben estabilizarse y prepararse adecuadamente antes de un tiro potente. Si no lo hacen, el impacto podría desequilibrarlos. Un claro ejemplo de esta ley en acción es cuando un portero se lanza para detener un penalti. El portero debe calcular la fuerza con la que va a golpear el balón para contrarrestar su velocidad y dirección. Si no aplica suficiente fuerza en el sentido opuesto, el balón pasará; pero si la aplica correctamente, detendrá su movimiento y evitará un gol.

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