Wangari Maathai, la madre de millones de árboles en África

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Imagina que naces mujer en el seno de una familia agricultora de una región rural de Kenia: es el año 1940 y el país es todavía colonia británica. Imagina, ahora, que no quieres llevar la vida que podría esperarse para ti, que quieres ir a la escuela, estudiar Biología y convertirte en Doctora -la primera de África Central y Oriental-; que quieres proteger al resto de las mujeres y también al medioambiente, ganar el Nobel de la Paz -serías la primera mujer africana en lograrlo- y, en esencia, transformar el mundo. Imagínate ahora que lo logras. 

Aunque toda esta vida podría ser fácilmente interpretada como el sueño de una niña, es en realidad la biografía de Wangari Muta Maathai, la mujer a la que pertenece la cita de que «hasta que caves un agujero, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada; sólo estás hablando» y la fundadora de un movimiento que no sólo transformó los paisajes de África al plantar decenas de millones de árboles en el continente, sino también la vida de muchísimas personas, y en especial, de las mujeres: el Movimiento Cinturón Verde.

Primero, fue el sueño de la niña

Wangari Muta Maathai nació el 1 de abril de 1940 en Nyeri, Kenia, cuando el país era colonia británica. Su padre era agricultor, su madre se encargaba de las tareas que por aquel entonces se esperaba que hicieran las mujeres, como la crianza o la búsqueda de agua; y de Wangari, podría haberse esperado lo mismo; pero se habrían equivocado completamente.

A pesar de las dificultades de acceso a la educación formal que tenían en aquel tiempo las niñas, Wangari fue enviada a la escuela, donde se convirtió en una alumna destacada. Tanto fue así, que cuando cumplió los veinte años fue becada para continuar sus estudios en Estados Unidos, donde se graduó en Biología y completó un máster en Ciencias Biológicas

Después, volvió a Kenia donde consiguió un puesto de ayudante de investigación en el Departamento de Anatomía Veterinaria de la Universidad de Nairobi; pero volvió a marcharse tiempo después por recomendación de su tutor, que le aconsejó continuar con su formación en Alemania. Y para allá que fue Wangari.

Después de un tiempo en Europa, decidió regresar de nuevo a su país natal y en 1970 consiguió el Doctorado en Anatomía Veterinaria, lo que la convirtió en la primera Doctora de África Central y Oriental, y se quedó como docente e investigadora en la Universidad de Nairobi. Podría pensarse que este era el final del camino, que el éxito ya estaba logrado… ¡Pero Wangari no había hecho nada más que empezar!

Ayudar al medioambiente es ayudar a las mujeres

Durante sus años como docente e investigadora, Wangari tuvo la oportunidad de comprobar, en primera mano, el deterioro medioambiental que estaba sufriendo Kenia, y algunos de los problemas que enfrentaba el territorio, como las deforestación o la degradación del suelo, eran cada vez más graves. En paralelo, había nacido también en ella la semilla de la lucha por los derechos de las mujeres, lo que la llevó a convertirse primero en miembro y después en directora del Consejo Nacional de Mujeres de Kenia (NCWK).

En principio, ambas problemáticas podrían parecer independientes; sin embargo, al escuchar el testimonio de las mujeres de su propia región, Wangari se dio cuenta de que ambas luchas estaban relacionadas. Ellas se quejaban de la falta de agua potable, de la de leña y la de comida; de que las distancias que tenían que recorrer para obtener estos recursos era cada vez mayor y su disponibilidad, aunque fueran más lejos, cada vez menor.

Wangari explicó años después que, para ella, lo más sorprendente fue que aquellas mujeres habían nacido en su misma zona y que todo aquel sufrimiento que les provocaba la falta de recursos era consecuencia de la degradación ambiental: aquella ausencia no era lo que ella recordaba de cuando era niña

El nacimiento del movimiento Cinturón Verde

Wangari Muta Maathai fundó, en el año 1977, el movimiento Cinturón Verde, con un doble objetivo: proteger a la naturaleza, combatiendo la deforestación y restaurando los ecosistemas, y al mismo tiempo, empoderar a las comunidades locales, especialmente a las mujeres. ¿Y cómo lo hizo? Ni más ni menos que plantando árboles.

La activista hizo una llamada a las mujeres de comunidades rurales para que empezaran a recolectar semillas de árboles típicos de la zona en los bosques y poder, posteriormente, reforestar. Este primer paso era crucial: no se trataba únicamente de plantar árboles, sino de devolver al paisaje las especies que mejor se adaptaban y que, históricamente, habían sustentado los ecosistemas locales. El impacto de estas actividades fue notable: las áreas deforestadas comenzaron a recuperarse, los suelos se estabilizaron, y las fuentes de agua regresaron.

La mejora medioambiental comenzó a mejorar, asimismo, la calidad de vida de las mujeres de estas comunidades, aumentando la disponibilidad de leña y alimento. Pero además, también el propio trabajo con el movimiento Cinturón Verde les ayudaba, ya que la organización les daba una retribución -lo que generó fuentes de ingresos alternativas para las mujeres– y además, se les ofreció formación en ecología y puestos de liderazgo. Todo ello, en conjunto, ayudó a empoderarlas. 

El salto desde las protestas hasta el Premio Nobel

El movimiento Cinturón Verde fue tomando fuerza poco a poco, expandiéndose por el continente y ganando reconocimiento en todo el mundo. Wangari se convirtió en una líder potente con una determinación inquebrantable; y aunque esta fuerza hizo que ganara apoyos, también hubo muchas resistencias e intentos de reprimirla a ella y al movimiento.

El primer gran intento que hubo fue en el año 1989, después de que los activistas del grupo frustraran una construcción de pisos en el Parque Uhuru, en el centro de Nairobi; pero no fue el único. En 1992, Wangari fue golpeada por la policía hasta quedar inconsciente durante una huelga de hambre con la que pedía que se liberaran presos políticos, y en 1999, el grupo sufrió represión física a manos de guardias privados por protestar contra la privatización del bosque de Karura (también en Nairobi).

No fue poco lo que tuvo que soportar Wangari, pero como bien sabemos, el tiempo acabó por darle la razón. Hubo cambios en la situación política de Kenia, y en el año 2002, Wangari entró en el Parlamento; y en el 2003 se convirtió en ayudante del Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales; y un año después fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz, en el 2004. Fue la primera mujer africana en conseguirlo, y también la primera reconocida por un trabajo medioambiental.

Su figura se había convertido en una imagen de esperanza, reafirmada por este premio. Mientras, el movimiento Cinturón Verde se expandió por toda África, plantando decenas de millones de árboles y creando miles de viveros en los que las mujeres pueden encontrar un espacio de independencia.

El legado de Wangari Muta Maathai

Wangari Muta Maathai falleció el 25 de septiembre del 2011 debido a complicaciones derivadas de un cáncer que sufría. Pero como suele ocurrir con las grandes figuras, su legado se quedó con nosotros.

La historia de Wangari, tal y como destacó la Organización de las Naciones Unidas en el homenaje que le realizaron, no es sólo la de una mujer que plantó árboles combatiendo la desertificación y la deforestación; sino que su historia es también la de una mujer pionera, que inspiró al resto, que creó las bases que posteriormente se emplearon para conceptualizar los «empleos verdes» y que logró, como en el sueño de una niña, hacer del mundo un lugar mejor.

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