Un deslizamiento de tierras deja cientos de personas sepultadas en Papúa Nueva Guinea

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De acuerdo con las estimaciones de la Organización Mundial de las Migraciones (OIM), al menos 670 personas podrían haber sido sepultadas por el devastador deslizamiento de tierra y rocas que tuvo lugar el pasado viernes y que ha afectado en mayor medida a las localidades de Kaokalam y Yambali (provincia de Enga), a 600 kilómetros de la capital, Puerto Moresby. 

El desastre natural, también conocido como deslave, ha provocado la destrucción de numerosas viviendas en la zona, como también el bloqueo completo de la carretera principal que conecta con la mina de Porgera. Con ello, el Centro Nacional de Desastres (CND) ha señalado que las rocas siguen desplazándose, lo que supone un riesgo para los supervivientes y los servicios de rescate, que se han topado con serias dificultades para acceder al área afectada.

En ese sentido, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos ya han comenzado a movilizar ayuda humanitaria a través de la capital, aunque se espera que tarde en llegar, debido a que ahora mismo solo se puede llegar a pie desde las inmediaciones o bien por helicóptero. «Estamos trabajando con las autoridades del país para confirmar las prioridades y ofrecer un mejor apoyo a los más necesitados», declaró el ministro de Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, en su última rueda de prensa.

La dimensión del desastre en Papúa Nueva Guinea

Horas antes de que el Secretario General de la ONU, António Guterres, trasladase su solidaridad a Papúa Nueva Guinea, el jefe de la OIM, Serhan Aktropak, declaró públicamente que serían más de 150 viviendas las que habrían quedado completamente enterradas bajo ocho metros de escombros de montaña.

Sin embargo, según las autoridades locales, en las tierras altas de Papúa Nueva Guinea suelen vivir entre 10 y 15 personas por domicilio, por lo que las estimaciones de fallecidos podrían aumentar durante los próximos días teniendo en cuenta además que otras cuatro localidades más se han visto en mayor o menor medida afectadas por el deslave.

Por otro lado, la directora de Care International para el país, Justine McMahon, ha añadido públicamente el contexto de que la avalancha ocurrió en un lugar marcado por recientes luchas tribales que dejaron en febrero en torno a 50 muertos y que acabaron expulsando a las comunidades precisamente a las tierras afectadas actualmente por el desastre, lo que añade una capa más de dificultad a la situación.

Solidaridad internacional: a la espera de ayuda humanitaria

Son varios los países que ya se han volcado en ayudar a Papúa Nueva Guinea. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lamentó el mismo viernes las muertes y la devastación por el deslizamiento de tierras, y garantizó que se coordinará con otros países de la zona como Australia, Nueva Zelanda, India y Japón —miembros del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad)— para «colaborar en la prestación de ayuda humanitaria y socorro en caso de catástrofe en todo el Indo-Pacífico».

Por su parte, el Gobierno australiano ha informado de una partida inicial de ayuda humanitaria valorada en 2,5 millones de dólares australianos (unos 1,5 millones de euros), y del envío de expertos técnicos a la zona para proporcionar asistencia en la gestión de este tipo de desastres naturales. «Estamos dispuestos a considerar un apoyo adicional», recogió el comunicado del ministerio de Exteriores.

Asimismo, de forma similar, el Gobierno de Nueva Zelanda ha anunciado un paquete de ayuda de 1,5 millones de dólares neozelandeses (unos 849.000 euros) para hacer frente al «devastador» incidente, tal y como ha indicado el ministro de Exteriores, Winston Peters, junto a la ministra de Defensa, Judith Collins. «Estamos trabajando con las autoridades del país para confirmar las prioridades y ofrecer un mejor apoyo a los más necesitados», concluyó.

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