Nada perdura

De amar, de haber amado
queda tan sólo, amor, una vaga palabra,
un turbado cansancio, un desaliento,
como si algo, a lo lejos, se apagara.
Una honda caída, un golpe seco
o un quejido entre labios
quedan tan sólo, amor, de haber amado.
Aquel tiempo, otro tiempo,
de ardor y sacro sexo,
ya es ceniza.
Nada perdura, amor,
de amar, de haber amado.

Memoria del solo

¿En qué ajeno paraíso abandonaron
mi humeante corazón, quemado vivo,
las mujeres que amé?
¿Bajo qué cielo raso se desnudan
y muestran victoriosas el reino que perdí?
Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.
Una a una me dieron la gloria merecida
y derrotado fui con sus mejores armas.
El amor es la única batalla
que se libra en igualdad de condiciones.
Yo no pude escudarme, devolver las palabras
con la misma osadía, y los más leves golpes
me alcanzaron de lleno a la altura del pecho.
Dado ahora a morir en cama extraña
(orgulloso de mí, en paz conmigo)
cierta gloria atesoro, ciertos nombres
como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

Alguna vez

Alguna vez
un cuerpo se tendió a nuestro lado
y se abrió, sin prudencia,
como una madrugada.
Le dimos cuanto quiso:
piel,
entrañas,
el lujo del amor,
las más hondas palabras.
Una mirada, un hálito, una brizna le dimos.
Alguna vez
un cuerpo se tendió a nuestro lado
y nos dejó
vacíos.

Vuelta

Mañana volveré.
Mañana, dije, sin mirar tu rostro,
sin mirarnos de frente.
Pero viéndote, viéndonos
como antes nos mirábamos.
A ciegas llegaré,
como un Odiseo tejido y destejido
por el desamor, esa llaga
incurable de tu corazón.
Llegaré, falsa Penélope,
Circe de los amigos
que Edilberto vio convertidos en cerdos,
lestrigona de este viejo caballo de Troya.
Argos me espera.

Lengua franca

Cuando te digo amore, cara mía,
es amor lo que digo, francamente;
y vos decime mon amour
cuando te bese allí, au déla,
o como se diga en papiamento
o en una lengua muerta.
¿Cómo se dirá amor en una lengua muerta?
Love, not war,
me decía una veterana desalmada
cuando, ipso facto, me pasaba por sus armas.
Amore, amoris,
te diría un ladino de Verona.
Y yo te digo amor, sin pelos en la lengua,
hagamos ese amor que más nos gusta.


Rigoberto Paredes, nació y murió en Tegucigalpa (1948-2015). Reconocido poeta y ensayista hondureño, perteneció a los grupos Tauanka de Tegucigalpa y Punto Rojo de Colombia. Entre varios reconocimientos que ganó, fue finalista en los Certámenes internacionales de poesía de Casa de Las Américas, EDUCA y Plural. Fue fundador de las editoriales Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso, así como de las revistas Alcaraván e Imaginaria. Entre sus obras publicadas se encuentra los siguientes títulos: En el Lugar de los hechos (1974); Las cosas por su nombre (1978); Materia prima (1985); Fuego lento (1989); La estación perdida (2001); Obra y gracia (2004); Segunda mano (2010); Lengua adversa (2012). Además, fue coautor, junto con Roberto Armijo, de la antología Poesía Contemporánea de Centroamérica, publicada en Barcelona en 1983.

Maestro de la palabra, figura entre los máximos exponentes hondureños y centroamericanos de la poesía vanguardista, destaca en su discurso poético el erotismo, el culto a la tradición clásica en sus evocaciones mitológicas grecolatinas, el uso magistral de la intertextualidad y la fina ironía. Actualmente, su obra completa puede adquirirse con la Editorial y Café Paradiso.

La llama doble. Sección Literaria

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